Habemus Tigris

Fernando de Buen

Tiger Woods

Las dos palabras en latín que hace apenas unos días recorrieron el mundo: «Habemus Papam», anunciando la elección del muy grato Papa Francisco, me inspiraron a titular de esta forma a mi artículo de esta semana. Pero, a diferencia de quien hoy ocupa la silla de Pedro, el personaje al que me refiero ascendió —por enésima vez— al número 1 del ranking mundial, tras ganar por octava ocasión el Arnold Palmer Invitational.

Pero este reencuentro con el máximo escalafón de la lista de los golfistas del planeta es, quizás, el más representativo de su carrera profesional, pues viene, precisamente, del puesto más bajo que ha ocupado en dicha clasificación desde su primera temporada completa como miembro del PGA Tour, por allá de 1997 y que perdió desde octubre de 2010.

Esta última debacle fue consecuencia de su retiro voluntario por algunos meses, buscando alejarse de la opinión pública y resarcir la pésima impresión que causó por el escándalo sexual en el que se involucró. Los meses subsecuentes sólo reflejaron su falta de concentración y su descontrol en diversas áreas del juego, condiciones que antes parecían imposibles de imaginar en el más poderoso golfista de las últimas décadas.

Pero, como corresponde a los superdotados, este californiano tiene más vidas que el felino que representa y se sometió a una nueva transformación, cambiando nuevamente de entrenador —ahora se trata de Sean Foley— y a un intensivo programa de reestructuración de su swing. De nuevo tuvo la razón y ya estamos viendo los resultados.

Tiger está volviendo a ganar un impresionante porcentaje de los torneos en los que participa y parece que su juego se encuentra en el mejor nivel, pero ahora aderezando al paquete su ya vasta experiencia de más de década y media en el golf profesional. Lleva tres victorias en la actual temporada y un total de seis desde que el año pasado ganó este mismo torneo. Acumula ya 77 victorias en el PGA Tour y añadió ya un nuevo récord a su palmarés: el de mayor número de triunfos en un mismo torneo, con ocho, empatando la marca que impuso hace 48 años el legendario Sam Snead.

Por su parte, el norirlandés Rory McIlroy, de quien se antojaba difícil que cediera durante una buena temporada el primer lugar del ranking mundial, eligió firmar un cuantiosísimo contrato con la marca que patrocina al propio Tiger y, como era de esperarse, está pasando por el momento en la etapa de adaptación a su nuevo equipo, por lo que no fue difícil que cediera el trono, y es poco probable que le compita al californiano de tú a tú en el corto plazo. Sin embargo, si alguno de los perseguidores de Woods tiene posibilidades de pelearle esta supremacía, es precisamente el joven de 23 años de cabello hirsuto. Sólo el tiempo nos dirá si lo logra.

Lo mejor de todo esto: estamos a menos de tres semanas del inicio del Masters de Augusta, el primer major del año y, a partir de ese momento, será una acumulación constante de emociones hasta el final de la temporada.

Tiger lleva cinco años de no ganar un major —el último fue el U.S. Open de 2008— y sus deseos de igualar los 18 conseguidos por Jack Nicklaus son ilimitados. Hoy parece tener más posibilidades que nunca de ganar su quinto Torneos de Maestros y reiniciar la carrera más importante de su vida, ya que superar al inmortal Oso Dorado, significará su nombramiento indiscutible como el mejor golfista de todos los tiempos.

Si McIlroy recupera su mejor nivel en el campo de Georgia y Phil Mickelson consigue un buen desempeño durante las tres primeras rondas, estos tres jugadores nos brindarían un duelo histórico en los terrenos de Bobby Jones.

fdebuen@par7.mx