Reflexiones sobre el match play

Fernando de Buen

Encuesta Par 7

Esta semana, en Dove Mountain, cerca de Tucson, Arizona, se llevará a cabo el primero de los cuatro torneos que conforman los Campeonatos Mundiales de Golf (WGC, por sus siglas en inglés), al Accenture Match Play, lo que representa una buena justificación para hablar sobre el sistema de juego por hoyos, conocido mundialmente como match play.

Cuando se han escrito tantos artículos a través de los años, y se recurre con necesaria frecuencia a un tema tan importante y apasionante como lo es este sistema de juego, resulta imposible evitar repetir lo mencionado años atrás, así que, con la venia de ustedes queridos lectores y con juvenil descaro, me fusilaré impunemente algunos párrafos de un viejo artículo que escribí hace más de una década en El Heraldo de México.

Cito:

«El match play o juego por hoyos, a decir de muchos, es la más bella forma de competir en el golf. Pero podríamos empezar por definir este sistema de juego, distinguiéndolo de aquel, que a través de la historia, le ha ido ganando terreno: el stroke play o juego por golpes. A diferencia del segundo, donde cada jugador suma los golpes efectuados durante una o más rondas estipuladas, el juego por hoyos —como su nombre lo indica— consiste en poner a competir a dos bandos (equipos que pueden ser representados por uno o más jugadores) entre sí, ganando cada hoyo quién tire menos golpes. El ganador del match o partido, será aquel cuya ventaja en hoyos ganados, sea mayor que los que quedan por jugar.

En otras palabras, en el juego por golpes, cada torneo representa un reto entre el jugador y el campo en el que está compitiendo, ganando aquel que domine al recorrido por una mayor diferencia. En el juego por hoyos, en cambio, el golf se vuelve un partido de estrategias, donde lo único que importa es tirar en cada hoyo, menos golpes que el contrario. Esta diferencia implica que cada participante deberá definir sus tácticas con relación al desempeño de su oponente, estudiar sus fortalezas y debilidades y definir los momentos donde intentará ejercer la presión suficiente para vencerlo.»

Ahora bien, muchos aficionados pensarán que si un jugador tiene un mejor desempeño dentro del campo de golf que el de su oponente, bastaría simplemente llevar la bola de la mesa de salida a cada hoyo en un número de golpes acorde a la capacidad de cada uno, para eventualmente ganar el partido. ¿Por qué ello no sucede todo el tiempo? Precisamente porque una de las grandes diferencias entre un especialista del juego por golpes y uno del juego por hoyos es que el primero suele competir contra un ser inanimado —el campo de golf—, mientras que el segundo basa sus fortalezas en el dominio psicológico a su contrario.

¿Cómo se logra influenciar al juego del contrincante hasta vencerlo, a pesar de no contar con un nivel de juego tan efectivo? No es algo sencillo y ciertamente se requiere de una capacidad casi semejante a la del otro. La magia reside en no dejarse presionar por su mejor desempeño y en la capacidad de visualizar el momento preciso para organizar una ofensiva que —a fuerza de golpes efectivos— tienda a atraer la atención de la contraparte y desestabilizarlo emocionalmente, a pesar de no ganarle el hoyo. El dominio del encuentro parece consolidarse en el momento en el que se logra distraer la atención del otro, provocando que se fije más en el juego de su oponente que en la estrategia de campo. Es allí donde un primer hoyo a favor del débil puede llevarlo a la victoria.

En concreto, el juego por hoyos —al estar íntimamente influenciado por el comportamiento humano— resulta mucho más competitivo e interesante que el juego por golpes, que depende en mayor medida de la mecánica que de la estrategia.

Para darnos cuenta de lo anterior, basta ver a jugadores como Ian Poulter, probablemente el mejor exponente del juego por hoyos en la actualidad. Éste inglés desenfadado ni siquiera forma parte del top-ten del golf mundial —ocupa la posición 13—, pero es capaz de vencer a los mejores del mundo y lo demostrado una y otra vez. ¿Cómo lo hace? Justamente, aplicando lo mencionado en estos párrafos, pero alimentado por un ingrediente esencial para ser un jugador excepcional de match play: confiar en uno mismo y nunca temer al contrario.

Aun así, y a pesar de todas las fortalezas, habrá grandes sorpresas en el torneo que empieza este miércoles. Lo más interesante es que estarán los 64 mejores del mundo, pero se trata de jugadores que han sido catalogados bajo un sistema de juego diferente.
Véanlo por televisión. Se los recomiendo ampliamente.

fdebuen@par7.mx