El concurso de Rio de Janeiro

Fernando de Buen


Hay pocos negocios tan fructíferos en el mundo como el diseño del campo de golf. Se trata de un universo que abarca a un puñado de personas y, paradójicamente, la gran mayoría de ellas no se hicieron famosas ejerciendo esta profesión. Lo que sí resulta cierto es que muchos de los golfistas famosos que, más allá de su palmarés como practicantes de este deporte, han podido hacerse de un hombre como arquitectos de campo de golf, muy probablemente han ganado muchísimo más dinero en este rubro en el que lograron como profesionales de golf. Sin ir más lejos, ahí están los nombres de Jack Nicklaus, Arnold Palmer, Gary Player, como algunos de los consagrados en este rubro, pero hay algunos otros en la fila cuyo nombre empieza a cobrar valor en el mercado.

A ciencia cierta no se sabe cuánto cobra un arquitecto afamado por desarrollar uno de estos proyectos, pero los números fluctúan entre poco menos de 1 millón de dólares y poco más de dos.

Esta cantidad, obviamente, no va únicamente a los bolsillos de quien firmó el proyecto, sino que se comparte con un grupo de expertos —ellos sí arquitectos, ingenieros, diseñadores, dibujantes y agrónomos, por ejemplificar— quienes obtienen algo de cada uno de sus contratos. El propietario del nombre plantea algunas ideas, su equipo desarrolla el concepto, las discuten por algún tiempo, se someten a la autorización del cliente y, en las etapas de construcción el firmante suele realizar algunas visitas para revisar los avances en el desarrollo; si hace falta, sugerirá los cambios necesarios. Estas visitas —cuando se trata de un jugador consagrado— están convenidas como parte del contrato y casi siempre cuentan con la presencia de la prensa especializada.

Ahora bien, cuando se inicia un desarrollo urbano que incluye un campo de golf y se cuenta con los medios para recurrir a estas superestrellas, normalmente se habla con una o dos de ellas solamente, antes de tomar la decisión. Probablemente yo esté equivocado, pero no recuerdo algún momento en la historia reciente en el que se haya sometido el diseño de un campo de golf a un concurso abierto y, menos aún, que haya tenido la enorme aceptación y el desbordado interés de muchos de los más importantes exponentes del ramo por ganarlo, como lo ha sido el diseño del campo de golf que fungirá como sede de los eventos de la especialidad en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016. Mucho menos cuando el premio en metálico para el ganador será de tan sólo 300 mil dólares, cantidad sensiblemente menor a la que cualquiera de estos cobraría por cualquier proyecto rutinario.

De un importante número de participantes, provenientes de todas partes del mundo, se hizo una selección de la cual salieron ocho finalistas, que son: Gary Player Design, Greg Norman Golf Course Design (con Lorena Ochoa), Hanse Golf Design, Hawtree Ltd., Nicklaus Design (Jack con Annika Sörenstam), Renaissance Golf, Robert Trent Jones II y Thomson-Perret Golf Course Architects (con Karrie Webb).

Como se podrá ver si bien no están todos, si están algunos de los más importantes del mundo, y no podemos soslayar la presencia de afamadas golfistas que le dan a las respectivas propuestas un toque femenino.

¿Qué es lo que motiva entonces a estos grandes diseñadores a contar con el proyecto ganador de este singular concurso? Desde luego no se trata de los billetes verdes, sino de aprovechar una de las pocas posibilidades que ofrece el mundo para concursar contra algunos de los mejores y vencerlos. Si el ganador es uno de los muy afamados, podrá sentirse aún más orgulloso, pero si la firma que se lleva el contrato no cuenta con un palmarés tan importante, es seguro que ganando el concurso de Río ascenderá a la élite.
Será en el mes de marzo cuando se reúnan los organizadores con el Comité Olímpico internacional y se tome la decisión tan esperada.

Y tú, amigo golfista, ¿a quién tienes como favorito?

Es tiempo de cruzar apuestas.

fdebuen@par7.mx